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5 estaciones de tren históricas que merecen una visita aunque no tomes ningún tren »

Hay estaciones que no son una simple escala entre dos destinos: son museos vivos, obras maestras arquitectónicas y escenarios donde todavía se percibe el pulso de otra época.

Desde bóvedas monumentales y vitrales hasta murales y relojes centenarios, estas cinco terminales justifican detenerse, cámara en mano, incluso si no tienes boleto.

1. Grand Central Terminal — Nueva York, Estados Unidos

Inaugurada en 1913, Grand Central es una de las grandes postales interiores de Manhattan. Su vestíbulo principal impresiona por el techo celeste decorado con constelaciones, el reloj de cuatro caras sobre el puesto de información y el movimiento constante de viajeros bajo una estructura Beaux-Arts.

Más allá de los andenes, vale la pena recorrer sus pasillos, mirar hacia arriba, visitar el mercado gastronómico y detenerse en la famosa Whispering Gallery, donde la acústica permite escuchar un susurro pronunciado desde la esquina opuesta. Grand Central demuestra que una estación puede ser parte esencial de la experiencia neoyorquina, no solo el lugar desde donde empieza el viaje.

2. St. Pancras International — Londres, Reino Unido

Su fachada victoriana de ladrillo rojo parece más un palacio gótico que una estación ferroviaria. St. Pancras se inauguró en 1868 y se convirtió en un símbolo de la ambición ferroviaria británica, con una enorme nave de hierro y vidrio diseñada para cubrir los trenes sin necesidad de columnas interiores.

Hoy combina patrimonio y vida contemporánea: conecta Londres con ciudades europeas a través de Eurostar, pero también reúne restaurantes, tiendas, arte público y espacios para observar una de las arquitecturas ferroviarias más espectaculares de Europa. Es una parada ideal para quienes disfrutan de edificios históricos que siguen funcionando con energía moderna.

3. Estación de São Bento — Oporto, Portugal

Desde afuera, São Bento parece una elegante construcción neoclásica. Sin embargo, su gran sorpresa está en el vestíbulo: más de 20.000 azulejos azules y blancos narran episodios de la historia portuguesa, escenas rurales, batallas, fiestas y momentos ligados al transporte.

La estación funciona como una pequeña galería de arte público. Llegar temprano permite apreciar con calma los murales antes de que aumente el movimiento de pasajeros. Es una parada imprescindible en Oporto, especialmente para quien quiera entender cómo Portugal transformó el azulejo en lenguaje histórico y artístico.

4. Chhatrapati Shivaji Maharaj Terminus — Mumbai, India

Esta estación, antes conocida como Victoria Terminus, es una explosión de arquitectura victoriana gótica mezclada con referencias locales de la India. Torres, arcos, esculturas, vitrales y tallas convierten al edificio en una de las construcciones más reconocibles de Mumbai.

Además de ser un enorme centro de transporte cotidiano, es Patrimonio Mundial de la UNESCO. Su importancia está precisamente en ese contraste: es un monumento del periodo colonial británico, pero también un espacio profundamente integrado a la vida diaria de una de las ciudades más intensas del mundo.

5. Antwerpen-Centraal — Amberes, Bélgica

Conocida como la “Catedral del Ferrocarril”, Antwerpen-Centraal fue inaugurada en 1905 y destaca por su gran cúpula, su piedra ornamentada y una escala monumental que recuerda a los palacios y edificios religiosos europeos.

La experiencia no se limita al vestíbulo principal: la estación se organiza en varios niveles, donde el patrimonio histórico convive con plataformas ferroviarias contemporáneas. Está junto al zoológico de Amberes y al distrito del diamante, por lo que puede ser el punto de partida perfecto para una jornada de exploración urbana.

Yuniet Blanco Salas

Yuniet Blanco Salas

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